Daniel trabajaba todo el día en un escritorio. Se decía siempre que no tenía tiempo para hacer ejercicio. Ir al gimnasio parecía otra tarea más.
Un amigo le dio un pequeño consejo: «No necesitas una hora. Solo camina diez minutos después de comer». Daniel no estaba seguro, pero lo probó durante un mes.
Después de comer, no miraba el teléfono. Caminaba alrededor de la manzana. Después de cenar, hacía lo mismo. Diez minutos aquí, diez minutos allá — casi no parecía ejercicio.
Al final del mes, Daniel notó cambios reales. Dormía mejor. Tenía más energía por la tarde. Estaba menos estresado después del trabajo.
Los científicos dicen que las caminatas cortas como esta ayudan al cuerpo. También mejoran el humor rápidamente. No hace falta un gran plan — solo una puerta y diez minutos libres.