Cuando Elena era pequeña, su abuela decía lo mismo cada noche: «Acuéstate temprano, y tu cuerpo te lo agradecerá». Elena pensaba que era solo una vieja costumbre.
Años después, Elena era una estudiante muy ocupada. Se acostaba tarde casi todas las noches. Se sentía cansada. Olvidaba cosas fácilmente. Se enfermaba más que sus amigos.
Durante una semana, probó el consejo de su abuela. Se acostaba a la misma hora todas las noches. Dormía ocho horas completas.
Al final de la semana, se sentía como otra persona. Podía concentrarse mejor en clase. Su humor estaba más tranquilo. Ya no necesitaba café cada dos horas.
Hoy los médicos dicen lo mismo que la abuela de Elena siempre supo: dormir bien ayuda al cerebro, al corazón y al cuerpo. A veces, el consejo más simple es también el mejor.