Mateo volvía a casa en el último tren, después de un día muy largo. Estaba cansado. Solo quería dormir. Entonces vio algo bajo el asiento de delante: una cartera marrón.
La recogió. La abrió con cuidado. Dentro había mucho dinero. Había un billete de tren. Había una foto de una familia sonriente. Sin nombre. Sin número de teléfono. Solo dinero y una foto.
Por un momento, Mateo pensó en el dinero. Nadie lo había visto. Podía quedarse con ella. Nadie lo sabría nunca.
Pero seguía pensando en la foto. Alguien estaba buscando esa cartera. Esa persona estaba preocupada y triste. Entonces, en la siguiente parada, Mateo le dio la cartera a un empleado del tren. Le explicó dónde la había encontrado.
Una semana después, Mateo recibió una carta corta. Era de la dueña de la cartera. Ella le dio las gracias. «No solo me devolviste mi dinero», escribió. «Me recordaste que la gente todavía es buena».